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¿Cómo desarrollar la Inteligencia Emocional en los niños?

¿Has sido testigo del berrinche de un niño en algún lugar público, como un súper mercado, en el parque o la iglesia? Estoy seguro que más de uno. Y no sólo lo hemos visto, sino también lo hemos experimentado con nuestros propios hijos. ¿Qué sucede? ¿Cuál es la razón por la que los niños reaccionan de esa manera? ¿Nos intentan manipular? ¿Qué hacer? ¿Ignorarlo?

inteligencia emocional niños

Allá por el año de 1985 (cuando muchos de nosotros éramos apenas unos niños, o quizás bebés… o ni siquiera existíamos), un tal Wayne Payne publicó una tesis doctoral a la que llamó “Un estudio de las emociones: el desarrollo de la Inteligencia Emocional”. ¡Uf! Sí que han pasado ya 30 años desde entonces. Sin embargo, fue hasta el año 1995 – 10 años después – cuando el libro “Inteligencia Emocional” publicado por Daniel Goleman le dio popularidad al término.

De acuerdo, de acuerdo. Mucha historia, ¿pero y qué más? Pues resulta, que dichos postulados sobre las emociones han influido en muy diversas teorías y enfoques que buscan que las personas desarrollemos esto que se ha llamado inteligencia emocional.

¿Pero qué es exactamente la Inteligencia Emocional y cuál es la importancia de desarrollarlo en nuestros niños?

 

En pocas palabras, la Inteligencia Emocional es la capacidad de una persona para interpretar, aceptar, comprender y valorar sus emociones y la de los demás, para un adecuado manejo emocional y conductual, y la mejora de las relaciones sociales; es decir, es aprender a identificar cada una de tus emociones, su origen y tener la capacidad para expresarlas sanamente sin lastimar a los que están a tu alrededor.

¿Se imaginan teniendo la capacidad de identificar el origen de un enojo, comprender esta emoción, aceptarlo y expresarlo hacia los demás sin hacerles daño? ¿Es posible esto? ¡Claro que lo es! Esto, gracias al desarrollo de la Inteligencia Emocional personal.

¿Y por qué es importante desarrollarlo?

Bueno, además de los beneficios que representa para uno mismo y para las personas que están a mi alrededor, hoy es una competencia que muchas organizaciones están empezando a valorar. Ya hoy no es suficiente tener una alta Inteligencia Intelectual (o Coeficiente Intelectual), sino que también hace falta contar con una adecuada Inteligencia Emocional.

¿Y cómo podemos desarrollarla en los niños?

Bueno, como lo he dicho siempre (y lo seguiré afirmando): “nadie da lo que no tiene”. El primer paso es que, como modelos que somos de estos pequeños que están en formación, nosotros también desarrollemos esta importante habilidad: el reconocer, aceptar, comprender y valorar todas y cada una de nuestras emociones, para su adecuada expresión.

Respondiendo a una de las primeras preguntas del principio: ¿cuál es la razón por la que los niños reaccionan con berrinches ante ciertas situaciones? Vaya, una respuesta sencilla podría ser, “es que no han desarrollado su inteligencia emocional”.

Es importante comprender un principio altamente relevante al momento de educar a un niño: ES UN NIÑO. Con esto quiero resaltar en que, a diferencia de nosotros los adultos, que hemos desarrollado ciertos mecanismos de comprensión del mundo, de manejo de nuestras emociones (aunque no siempre el más sano), de conducta, de adaptación social, etcétera, un niño no lo ha desarrollado, está en “training”, es decir, está aprendiendo.

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Por lo tanto, la forma en cómo reaccionan muchos niños ante las situaciones que le producen aburrimiento, malestar, tristeza, enojo, frustración, desesperanza, es la forma más primitiva de reacción. Es, justamente, la guía de nosotros como padres que les lleva a desarrollar las habilidades de una Inteligencia Emocional.

Algunos pasos para el desarrollo de la Inteligencia Emocional en los Niños

1. Llama a cada emoción por su nombre

Un niño no siempre te puede decir qué es lo que siente, no porque no quiera, sino porque, a veces, no sabe qué es lo que siente. Como papás debemos enseñarles a llamarle a cada emoción por su nombre: “estás triste”, “estás enojado”, “estás aburrido”, “estás cansado”, etc.

2. Valora sus emociones

Cuando nosotros, como adultos, nos sentimos tristes, solemos necesitar un abrazo, una palabra de aliento. ¡Vamos! ¡Los niños también! Independientemente de la emoción, éstas son parte de nosotros y deben ser valoradas, porque nos pertenecen. Valorar la alegría, la tristeza, el enojo, el miedo, la sorpresa, etc.

3. Enséñale qué puede hacer con su emoción

Si ha logrado identificar qué es lo que siente y lo ha valorado, ahora podrá decidir qué hacer con ésta emoción. Ayúdalo a canalizar adecuadamente su emoción, como por ejemplo, el enojo: “estás enojado, acepto que estés enojado, es importante que sepas que lo puedes expresar, pero sin lastimar a nadie”.

Disciplina y límites

Por último, es relevante recalcar que, así como los adultos tenemos “días malos” y que, aún contando con las herramientas emocionales adecuadas, podemos lastimar (sin pretenderlo) a alguien, también un niño puedo tener días similares. Aún estos días, deben ser apreciados y valorados.

Recuerda, nada se da de la noche a la mañana. Todo aquello que vale la pena requiere constancia y dedicación. Lo mismo aplica para el desarrollo de la Inteligencia Emocional. Así que, calma, paciencia, ¡y manos a la obra!

Nos vemos en la siguiente entrega.

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