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Cómo hacer para que mis hijos me respeten

El respeto es una virtud humana que te prepara y ayuda para amar, de aquí la importancia de “hacer que tus hijos te respeten”.

La falta de ésta virtud hoy en día, podríamos decir que se ve más seguido que hace años, pero es quizá no que hayan aumentado las faltas de respeto, sino que ahora se esconde menos. Las personas a veces tendemos a expresar y actuar sin pensar, y sin pasarlo antes por el triple filtro ¿es útil, es bueno y es cierto?

En diversas circunstancias, y sobre todo con nuestros hijos, podemos promover una incongruencia (pedir algo que nosotros mismos, los padres, no damos). Y esto puede generar sentimientos poco agradables que producen reacciones de frustración y enojo, y lo más probable es que no seamos conscientes de ello.

La palabra respeto viene de latín respectus (re y spectrum que significa “volver a mirar”) por tanto podríamos decir que el respeto es no quedarse con la primera mirada que hacemos sino mirar más allá, lo escondido, que es lo que provoca que cierta situación surja.

En la adolescencia surgen con frecuencia episodios donde ellos ni siquiera recuerdan que existe la palabra RESPETO; se encuentran en una etapa un tanto complicada para su comprensión, así que veamos que sucede desde la silla que nosotros los padres si conocemos, “el respeto a esa etapa”.

El cuerpo del adolescente, está cambiando y tienen una “avalancha” hormonal que incluso llega a afectar el adecuado funcionamiento cerebral. Todo su cuerpo y su cerebro están ocupados y concentrados en desarrollarse, en crecer, y se encuentran en un estado anímico muy vulnerable. Es una etapa donde reafirman su identidad como personas únicas e independientes, tienen todos los sentimientos (agradables o desagradables) a “flor de piel” y como que se les “olvidan” ciertas virtudes que antes solían tener.

Este “olvido” obviamente genera en nosotros, los padres (mamá y papá) frustración, ¡tantos años educándolo y ahora nos dice que nos quiere fuera, que somos unos exagerados, que lo dejemos en paz! O peor aún ¡que no sabemos nada!

El “ego” a veces es lo que alimenta nuestra autoestima y nos ayuda a hacer algo nuevo, pero también es el enemigo número uno del amor. El “ego” son máscaras que nos ponemos y nos creemos, que nos impiden dejar salir nuestro yo verdadero, nuestro ser amoroso para lo cual fuimos creados. Cuando anteponemos nuestro ego en distintas circunstancias, nos hace ocupar el lugar de víctima donde buscamos culpables y no permitimos que la verdad salga a la luz. Construimos muros que entorpecen la realidad, y los adolescentes suelen hacerlo muy seguido, aunque a veces los adultos también lo hacemos.

Cuando las personas, sin importar la edad, sentimos que hemos sido enjuiciadas y que están evaluando las acciones que hemos decidido realizar, nos sentimos agredidos e invadidos. Y es de ésta forma que nos ponemos a la defensiva, nuestro ego (egoísmo) sale a la “defensiva” y es cuando nos olvidamos del respeto.

Podemos hacer que un hijo aprenda matemáticas, historia, física, distintos idiomas, pero las virtudes… personalmente no creo que como padres podamos “hacer que nos respeten” pero SÍ PODEMOS FOMENTAR EL RESPETO…

Y ¿cómo fomentarlo?

La respuesta es muy sencilla pero a la vez un tanto complicada de llevar a cabo y a veces no nos gusta escucharla.

Palabra tan usada hoy en día, “el ejemplo”. Es fácil decirlo pero existe en ocasiones un abismo para lograrlo, sin embargo, ante cualquier situación de tu vida, hay dos caminos que puedes tomar; un estado de “Mandibulín” (era una caricatura de los 70´s de un tiburón que siempre decía “nadie me respeta”) o aprender asertividad y afectividad para comenzar a fomentar el respeto desde el ejemplo.

“El ser asertivo, se educa, se aprende, se entrena, es una necesidad de amor, por lo que el ser asertivo es cuestión de actuar y practicar todos los días.”

Asertividad = Me respeto + Te respeto

Dentro de una familia se dan innumerables momentos para aprender la asertividad, empatía y afectividad de manera muy práctica. Los ejemplos los dividiremos con respecto a la relación que tienen cada uno de éstos con nosotras mismas, aunque casi todas las acciones se pueden implementar en todas las relaciones. Veamos algunos de ellos:

Contigo misma(o)

  • Aceptar tus debilidades y reconocer tus cualidades (saber que puedes mejorar, si así lo quieres).
  • Respetar y aceptar lo que eres y cómo eres (reconocer tu personalidad).
  • Amarte y valorarte como PERSONA (¡eres un ser maravilloso, digno de amar y ser amado!).
  • Reconocer tus sentimientos y tus derechos como ser humano.

Con los hijos

  • Establecer normas adecuadas a su edad, dárselas a conocer y sin sentirse culpable, cumplirlos con congruencia y constancia (una norma es general, fácil de cumplir y permite el desarrollo de la persona).
  • Aprovechar oportunidades para educar en valores (ayuda a tu hermano a hacer la tarea, escucha con atención, que sean ellos quienes hagan su tarea escolar…).
  • Establecer empatía con ellos (te pones en su lugar, el adolescente con avalancha de hormonas ¿lo recuerdas?).
  • Dar libertad de elección (puedes darle a escoger que lunch va a llevar, que sean ellos quienes elijan a veces a donde salir a pasear…).
  • Conocer sus sentimientos.
  • Permitir que afronten las consecuencias de sus actos (si dejó la tarea no llevársela, si su cuarto está tirado que sean ellos quienes lo levanten…).

Con la pareja

  • Reconocer sus cualidades y dejar de poner atención en sus debilidades (recuerda que te complementa).
  • Respetar sus decisiones, aunque desde tu punto de vista “esté equivocado”.
  • Dar la libertad de actuar.
  • Comprender que eres su compañera(o) de vida y no tomar el papel de un padre o madre que quiere educar.
  • Conocer sus sentimientos.
  • Escuchar, no es lo mismo que oír, es poner atención a los sentimientos y necesidades del otro.

Con los padres o hermanos

  • Respetar las distintas opiniones y que a pesar de que pertenecen a un mismo núcleo, cada uno tiene ideas y valores distintos a los tuyos, y no por eso significa que lo tuyo es mejor que lo de otros o viceversa.
  • Evitar la comparación.

Con los amigos

  • Permanecer a su lado a pesar de lo que suceda.
  • Escuchar sin juzgar a la persona, lo que decidieron hacer, es su responsabilidad y como tal ellos son quienes deben afrontar las consecuencias, no es necesario que toquemos la “llaga” (evita el “te lo dije”).

Cuando queremos que alguien nos respete, es necesario comenzar a respetarnos a nosotras mismas como personas.

Y desde ese respeto entonces podemos “hacer que nos respeten” o mejor aún, fomentar el respeto en nuestras relaciones familiares.

Si te encuentras en un momento de crisis y tus hijos están teniendo una falta de respeto hacia ti, haz igual que cuando eran pequeños e iban a tirar al piso un adorno de la sala. Detente, respira y dile NO, incluso puedes poner tu mano extendida al frente (señal de “stop”) y como dicen por ahí “no te enganches”. Una vez que tú hayas recuperado la calma, regresa y desde la empatía, afectividad y asertividad retoma el tema, hazle ver que no te gusta y que te lastima cuando reacciona de esa forma, pero antes de expresarlo pásalo por los tres filtros:

  1. Es ÚTIL: le sirve al otro y a mi
  2. Es BUENO: le hace bien al otro y a mi
  3. Es CIERTO: tienes la seguridad de que así es

¡Como padres hemos recibido el mayor don que nos pueden dar, nuestros hijos y somos decisivos para su personalidad y amoroso desarrollo!

Cuando te respetas a ti misma(o), puedes respetar a los demás y cuando te sientes respetada(o) es tan gratificante que deseas continuar repitiendo lo que lo provoca.

Así que comienza hoy a practicar la asertividad y empatía y verás que muy pronto “recibirás el respeto que en ellos has fomentado”.

Cuéntanos cómo fomentas el respeto con tus hijos.

 

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