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“Heres” mi heroína

Ayer llegué por mis hijos al curso de verano. Me frustré y me enojé al saber que R. hizo un berrinche mayúsculo, y después porque S. me ignoraba olímpicamente (para estar ad hoc con el tema del momento) cuando le dije, por tercera vez, “ya vámonos que es tardísimo”. Iba muy furiosísima (mi hermano me dice “Furias”) y pues me quedé de malas. Aunque ya sé que los castigos no sirven de nada, en casa sí utilizamos las consecuencias, así que no hubo tele ni iPad, y se pusieron a hacer cosas manuales.

Y lo que resultó de la tarde de ayer tal vez sean “regalitos culpables”, pero el recibir este dibujo y esta caja para mi colección de la oficina, no tiene precio.

Hago mi mejor esfuerzo 

Después realmente puse atención en la caja y leí: “Heres (sic) mi heroína”. Me puse a pensar que igual no soy la mejor mamá ni lo seré nunca, me falta mucho por aprender – y voy haciéndolo sobre la marcha-, mucho que cambiar y mucho que mejorar. No soy la mejor pero sí hago mi mejor esfuerzo y soy una buena mamá.

A pesar de mis histerias temporales, de tener que llegar a casa y clavarme en la computadora, de que me toca viajar y muchas veces también perderme cumpleaños, clases abiertas y momentos especiales, de que son niños cuya infancia no es como la de muchos otros, soy su mamá.

Me adapto a lo que puedo darles, aunque me pese

Mis hijos no son como esos que salen de la escuela, comen en familia y pasan la tarde con sus mamás, haciendo actividades extracurriculares con ellas; niñ@s que saben nadar casi profesionalmente, que van a Kumon, que juegan fútbol, hacen gimnasia, van a Lego, tocan instrumentos. Que leen libros enteros de 300 páginas (bueno, el pequeño no sabe leer todavía). Que corren carreras y hacen triatlones.

A mí simplemente no me da la vida. Y me adapto a lo que puedo darles. Aunque me pese.

Además este verano, por cuestiones de trabajo, no salimos de vacaciones. Han estado 5 semanas en el curso que tengo a la mano debajo de mi oficina. Donde sé que están, por lo menos, entretenidos y activos. Donde R. está aprendiendo a nadar, aunque sea como perro ahogándose.

Me duele no haberle enseñado a nadar yo. Me duele que pasen tanto tiempo sin mí. Me duele que a veces un domingo su papá y yo simplemente no tengamos energía para salir de casa, porque estamos drenados por la semana de trabajo que tuvimos.

Pero luego, mientras escribo estas líneas, volteo y veo en mi escritorio el dibujo de R. y la caja de S. y me quedo con que, a pesar de todo, soy su heroína.

mamá trabajadora

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  • Marcelo Lozano

    Emocionante!!!

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