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Lo que te enseñan tus hijos sobre tus padres

Anoche, para mi esposo y para mi, fue uno de esos días que no deseas o esperas que te va a tocar vivir como padre.

Los hijos vienen a enseñarte a valorar todo lo que has recibido de tus padres: el amor, la entrega, la donación incondicional y desinteresada desde que naciste, hasta que te conviertes en un adulto responsable, capaz de tomar las riendas de tu propia vida y de asumir la responsabilidad de nuevas personitas llamadas “hijos”.

Momentos de angustia

…Todo comenzó, mientras mi esposo y yo tomábamos la temperatura de mi hija mayor de tres años con la intención de descartar un posible resfriado. Últimamente en la zona se han dado numerosos casos de influenza y esa situación nos mantiene más pendientes de la salud nuestras hijas.

A causa del chequeo casual de la temperatura de mi pequeña, ella asumió (en su escasa capacidad de discernimiento y por su corta edad) que debía tomar medicamento. Ni mi esposo ni yo mencionamos que debíamos dárselo, pero ella igual lo pensó y actuó. Seguramente relacionó: Me toman la temperatura = A tomar mi medicina.

Los accidentes ocurren en fracción de segundos ¿Quién no lo ha escuchado?

Segundos después, notamos que la niña salió de nuestra habitación y pensamos que se dirigía su cuarto a jugar. Mi esposo y yo continuamos conversando y a los pocos minutos nos extrañamos de encontrarnos inmersos entre tanto silencio en la casa.

Me dice mi esposo -déjame ver qué está haciendo Paulina- y viendo que no se encontraba en su cuarto, se dirigió a la cocina. Para su sorpresa, se encontró a mi hija bebiendo del frasco de un medicamento pediátrico que contiene paracetamol.

Al ver aquella escena, mi esposo se exaltó porque el frasco estaba a menos de la mitad. A ciencia cierta, ninguno de los dos teníamos la certeza de la cantidad que podía haber ingerido y mi pequeña no sabía responder si había bebido poco o mucho. Así que ante la duda y después de un par de llamadas al pediatra, nos encaminamos al hospital para realizarle un lavado intestinal de emergencia.

Arribando al hospital inmediatamente le tomaron los signos vitales y al parecer, estaba todo bien, pero no había pediatra de guardia y al que llamaron desde el hospital no se presentaría hasta después de hora y media. Es aquí donde uno se pregunta ¿para qué un hospital tiene un área de urgencias si no tiene el personal que la atienda? Así que sin pensarlo, abandonamos ese hospital y nos dirigimos a otro cercano con la angustia de que el paracetamol ya hubiera sido absorbido por su cuerpo y pudiera causarle estragos en la salud de nuestra hijita. ¡Que angustiantes momentos!

De trayecto al hospital, para aligerar nuestra constante preocupación, mi esposo realizó un par de llamadas más a otros pediatras que teníamos registrados en nuestra lista de contactos para descartar opiniones. Como padre sientes una gran responsabilidad de tomar las mejores decisiones para con tus hijos; la más eficaz, la menos dolorosa, la de menores repercusiones…

Las tres opiniones que recibimos de parte de los pediatras apuntaban al lavado estomacal (cosa que no nos nos agradaba en lo absoluto). Al llegar al siguiente hospital, el médico que atendió a mi hija le explicó a mi esposo que el lavado intestinal en un niño menor de tres años era un procedimiento un tanto traumático y por las horas que ya habían transcurrido (al rededor de dos) muy probablemente el paracetamol ya se habría absorbido. Por lo que se vio obligado a darnos una segunda alternativa, que consistía en realizar exámenes de sangre para verificar los niveles de paracetamol en la sangre y partiendo de los resultados (en caso que fuera niveles muy altos de paracetamol en sangre) aplicaría un antídoto que debía contrarrestar los efectos del mismo.

Lo que te enseñan tus hijos sobre tus padres

Mientras esperábamos en la sala de urgencias los resultados de los análisis, 12 de la noche, con mi beba de cinco meses en brazos y mi esposo cargando a mi niña de tres, vivimos una gran angustia y preocupación porque no sabíamos a ciencia cierta, los alcances que podía tener una posible sobredosis, pero lo que sí teníamos claro, era que podía causarle un daño hepático serio en caso de intoxicación.

En esos momentos, mi esposo y yo rezábamos y entre pausas, recordábamos y comentábamos todo lo que nuestros padres tuvieron que pasar para sacarnos adelante. Es difícil comprenderlo hasta que no tienes a tus propios hijos, todas esas angustias que pudieron haber vivido por ti, toda esa entrega incondicional que estábamos viviendo en carne propia, sacrificios, desvelos, amor dedicado en cada una de sus acciones hacia nosotros como sus hijos. Es verdad que hasta que no te conviertes en padre y te toca vivirlo, logran desvanecerse esas densas escamas que cubren tus ojos del alma para dejarte ver claro, todo el amor de tus padres (quizá hoy ya viejos) hacia ti como su hijo.

Hoy valoro, admiro, respeto y amo con mayor intensidad a mis padres. Y doy gracias a Dios que fueran ellos mis padres, con todos sus defectos, con todas sus virtudes,  pues me queda claro que dieron y siguen dando todo lo mejor de sí mismos para que nos convirtiéramos en personas de bien. Me criaron, educaron y sacaron adelante con todos los recursos que tenían como seres humanos  en ese momento y lo hicieron lo mejor posible.

Gracias a Dios, estos fueron los resultados de mi hija…

hijos

Mi esposo y yo nos sentimos profundamente agradecidos con Dios por la salud de nuestra pequeña, y no menos por la vida de nuestros padres, quienes deseo que un día puedan recoger los frutos de su inmensa donación hacia nosotros.

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