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Mis Hijos o mi Pareja, ¿Quién primero?

Cuando llegan los hijos, te cambia la vida.

1. La llegada de los hijos

El arribo de un nuevo integrante de la familia, en la mayoría de los casos, supondrá un cúmulo de emociones: alegría, júbilo, preocupación, entre otras. Además, llegan también una serie de cambios en diversos aspectos: de pareja, familiar, social, laboral, etcétera. Tal y como dice el dicho popular:

Cuando llegan los hijos, te cambia la vida.

Cuando una nueva relación de pareja comienza, salvo contadas excepciones, no se realiza una proyección a largo plazo y mucho menos se incluye un proyecto de vida donde se tomen en cuenta los diversos factores por los cuales atravesará la pareja. Muchas de las relaciones se basan más bien en la emotividad y en el ir “probando” o “sintiendo” el avance del proyecto. En algunas ocasiones, la pareja “sentirá” que ya es tiempo de hacer crecer a la familia y tal vez en otras, simplemente “se dará” esta situación.

los hijos

A partir de ese momento, tu realidad te compromete con un nuevo ser humano – único, irrepetible e inigualable – que reclama tu atención. Quizás ahora te sientes desgastada y miras cómo diversas áreas de tu vida se ven transformadas por completo. Justo ahora, quizás te sientes insegura sobre qué línea asumir en relación a todos estos cambios.

Nuestras propias madres, con todo el amor que les caracteriza, comienzan a formar parte de estos cambios y sus recomendaciones no se hacen esperar. Hacen diversos comentarios sobre cómo alimentar, dormir, interactuar, estimular, atender los llantos, y todo aquello relacionado con tu hijo. Y eso, en un núcleo familiar sano, será bienvenido, ya que te ayudará a tomar confianza y seguridad, especialmente, si recién te has convertido en mamá por primera vez.

Los relatos de sacrificio materno también formarán parte de las “historias de guerra” de una madre con amplia experiencia, y pronto las recomendaciones sobre cómo criar al pequeño recién llegado se extenderán a las otras áreas de tu vida: tu relación de pareja, tu área social, tu área laboral, etcétera y más etcétera.

No tardará en hacerse presente una frase que he escuchado frecuentemente – en consejería de pareja y familiar-, y que es todo un legado de generaciones, y que se repite y va adquiriendo fuerza cuando nuestro hijo crece o crece el número de integrantes de la familia: mis hijos son primero.

2. Mis hijos son primero… Y ¿deberían ser primero?

Es una realidad totalmente innegable que la llegada de los hijos transforma por completo la vida de los papás “con o sin experiencia”. Nada qué debatir al respecto. Sin embargo, lo debatible radica en el impacto en la relación de pareja. ¿Es válida la frase mis hijos son primero?

Volvemos a las realidades innegables:

» Nuestros hijos requiere un máximo de atención, sean pequeños, “medianos” o “grandes”.

» Si son pequeños, necesita de los cuidados maternos y muchos más, cuando se trata de una madre que toma la decisión de amamantar, porque se volverá una “estación de alimentación ambulante al servicio del cliente las 24 horas del día”; aunado están los cambios de pañal constante, la higiene, la estimulación, entre otras tantas. Es aquí donde se escriben las primeras historias de sacrificio materno… ¡Y paterno también!

» Conforme crecen, nuestros pequeños continúan demandando aún más nuestra atención, ya que al adquirir independencia en sus movimientos, requieren al “vigilante de tiempo completo” que los persiga de un lado a otro y que los proteja de este mundo tan lleno de peligros para un ser tan indefenso como lo es él o ella.

nuestros hijos

Y así, podría continuar ejemplificando los procesos de desarrollo de nuestros hijos, pero dejaremos el tema para un futuro artículo.

Las voces de nuestras madres resuenan en estos primeros pasos de nuestra maternidad y paternidad. Y escondido como “soldado de guerrilla” la frase: “mis hijos son primero”.

Debo aclarar con anticipación, que lo escrito en este artículo es en forma general, y no pretende hablar de la totalidad de las relaciones de pareja ni de los estilos de paternidad adoptados por madres y padres. El objetivo es reflexionar en torno a lo general y compartir un poco de la experiencia que me permite interactuar como terapeuta con diversas parejas y familias, en donde se ha hecho presente la frase que antes he mencionado.

Una vez aclarado el punto, continúo.

La frase mis hijos son primero conlleva muchos más peligros de los que parece.

3. Prior in tempore, potior in iure. (El primero en tiempo es el primero en derecho)

⇒ ¿Nuestros hijos requieren nuestra completa y total atención? La respuesta indudablemente es sí.

⇒ ¿Nuestra pareja requiere nuestra completa y total comprensión? Nuevamente, sí.

⇒ ¿Nuestra pareja necesita un poco de atención (emocional, social, afectivo, sexual, etc.)? La respuesta, volverá a ser afirmativa.

⇒ ¿Ustedes necesitan un tiempo para ustedes mismas? ¡Obviamente que sí!

Existe un principio en Derecho que, particularmente, me fascina y que se encuentra escrito en el subtítulo: El primero en tiempo es el primero en derecho. Y hace referencia, en el marco legal, que en caso de existir algún tipo de controversia entre distintas partes que alegan iguales derechos sobre algo, se le dará preferencia en el derecho a aquella que haya inscrito primero los derechos en alguno de los registros legalmente constituidos.

Digo, no es que alguien tenga derecho sobre “algo”, porque no son “algo” sobre los cuales se esté exigiendo atención, sino son “alguien”: mamá, papá e hijo o hijos. Sin embargo, la esencia de la máxima puede ser perfectamente aplicada al ámbito familiar (con sus respectivas limitantes y restricciones, claro está).

Existe una frecuente queja de la pareja con la llegada de los hijos: “es que ella da más atención e incluso siento que los ama más que a mí”. Y existen diversas respuestas a ello: “es que necesitan más atención; son pequeños, entiende; tú ya estás grande, puedes esperar; es diferente”. Existe una probabilidad alta que alguna vez estos comentarios hayan aparecido en alguna charla.

Juguemos un poco con la aplicación de la máxima legal:

Existen dos individuos que reclaman un “derecho” sobre alguien, que en este caso, suele ser la madre (pero también se puede presentar en el padre), y comúnmente este derecho es la atención o el amor. Si nos fuéramos a “juicio”, quien tiene las de ganar si se aplicara el marco legal, será la pareja, porque “el primero en tiempo, es el primero en derecho”, es decir, quien estuvo presente mucho antes de la llegada de los hijos, fue la pareja, y por lo tanto, es quien puede “exigir” el “derecho” de ser atendido afectivamente.

la pareja

Todos necesitamos afecto y nuestra pareja no es la excepción. Claro está que no es posible aplicar este “derecho” al cien por ciento, ya que los niños pequeños no tienen la capacidad de esperar, dado que cuando ellos reclaman la atención, en diversas ocasiones, es necesario prestárselos con prontitud. Sin embargo, esto no nos exime de brindarle atención a la pareja cuando existan los espacios y la oportunidad.

Además, son espacios que ayudarán a fortalecer la unión y el vínculo afectivo, y paradójicamente, ayudará a que el apoyo en el cuidado de los hijos sea en mayor medida.

Los hijos no deben ser nunca motivo de desunión, si así fuese, quizás era algo que estaba ya presente y que ahora se maximizó; en este caso, convendría, quizás, mirar la opción de optar por un profesional que los pueda acompañar en un proceso de crecimiento.

Todo lo contrario, los hijos deben ser una fuente de vínculo y de unión. Los hijos son importantes, pero lo es más no descuidar nuestra relación de pareja. Al final, existe también otro legado que nos dejan nuestras propias madres: “los hijos se van y nos dejan. Sólo nos quedará nuestra pareja”. Y qué mejor empezar a invertir en esta “cuenta de ahorro”; no vaya a llegar nuestra “jubilación paternal” y nos tome por sorpresa el no tener nada invertido y nos quedamos, entonces, sin nada.

4. Nadie da lo que no tiene

Si continuamos con la aplicación de la máxima legal, no podremos olvidarnos de alguien que es mucho más importante, incluso que nuestros hijos y nuestra pareja: nosotros mismos.

Quien da amor, primero debe amarse a sí mismo; en este caso, a sí misma.

mis hijosEs muy relevante nunca olvidar que lo que sucede en el ámbito familiar recae siempre en un liderazgo, que comúnmente es asumido por la mujer, y más ahora, que incursiona en muchos más ámbitos que antaño. Por lo tanto, este liderazgo debe ser fortalecido constantemente a través de espacios de recreación, de reflexión, de aprendizaje, de fortalecimiento.

Es igual al líder de un proyecto en una organización. Necesita tiempo para planear, para capacitarse, para fortalecerse, para recrearse, porque todo ello ayudará a maximizar el papel de líder que ejerce en la empresa.

Como mujer, como esposa, como madre, como persona, necesitas también un espacio exclusivamente para ti. Porque el tiempo que inviertas en ti y en tu felicidad, podrá ser maximizado cuando ejerzas los demás roles a los cuales te has comprometido. Al final de cuentas, con la primera persona con la que interactuaste, antes que nadie, fuiste contigo misma.

5. La última y nos vamos

La formación en el amor que les demos a nuestros hijos nunca será suficiente si no se basa en el ejemplo. De nada servirá que enseñemos – en teoría –:

  • El respeto por los demás;
  • La importancia de los valores;
  • La creencia en el amor…

…Si todo ello no lo ven aplicado en nuestra propia familia, no sólo hacia ellos, sino hacia nuestra pareja. Definitivamente, el verlo y escucharlo es triplemente más fuerte, porque ver la práctica, duplica la fortaleza. Por lo tanto, les comparto 5 puntos a considerar para evitar caer en la trampa de mis hijos son primero (aplica tanto para mujeres como para hombres).

 

5 consejos para no caer en la trampa de mis hijos son primero:

 

1. Demuestra el amor.

Si es tu situación, siempre que tengas oportunidad, prodiga de palabras de cariño y muestras de afecto hacia tu pareja. Los hijos crecerán acostumbrados a verlo y sentirán que crecen en un ambiente completamente lleno de amor y se contagiarán de ello.

2. Primero ustedes.

En la medida de las oportunidades, procura que la atención se de primero hacia tu pareja antes que a los hijos, por ejemplo, al llegar a casa, saluda primero de beso y/o abrazo a tu pareja; sirve primero el jugo y la comida a ella o él. Estas pequeñas muestras de atención ayudarán a que los hijos comprendan el valor de la unión, el vínculo, y claro, también la espera.

3. Decidan juntos.

Escucha los consejos que te aporten familiares, amigos, conocidos y hasta desconocidos y dialógalos con tu pareja. Es una realidad que únicamente uno de los dos asumirá el liderazgo, pero en la medida de las posibilidades, tomen decisiones en conjunto. Tomen los consejos que les sean útiles y desechen aquellos que no aporten al crecimiento familiar.

4. Dedíquense un tiempo exclusivo para ustedes.

Es necesario tener un espacio de pareja, un espacio de “novios”, un espacio sólo para ustedes dos, sin hijos. Quizás no pueda ser una vez al mes y únicamente se pueda una vez al semestre. ¡No importa! Pero tengan ese espacio. No descuiden ese aspecto, porque podrían volverse unos desconocidos que comparten hijos y espacio, nada más. Es mejor conocer más y mejor a aquella persona con la que podría compartir mi vida cuando nuestros hijos ya no estén con nosotros.

5. Atiéndete a ti mismo.

¡Ten tus propios espacios! Obviamente no puedes olvidarte de ti misma (o mismo). Es importante “sacar citas” con uno mismo. Salir a caminar para reflexionar, meditar, hacer ejercicio, convivir con amigos. Lo que decidas, pero necesitas espacios para fortalecer tu liderazgo.

Y en tu opinión respetable, quién consideras que debería estar primero ¿los hijos o la pareja? Comparte con nosotros un comentario.

Si te fue de utilidad esta información, ¡compártela con tus amistades!

  • Clau Dominguez

    Gracias Edgardo por tan interesante artículo! Y por tus consejos para que nuestra pareja siempre este primero. Un saludo colega.

    • http://edgardoflores.blogspot.mx Edgardo Flores Herrera

      Así es Claudia, a veces nos cuesta poner en primer lugar a la pareja porque el instinto natural de padres nos inclina hacia el más necesitado, en este caso nuestros hijos. Pero si el vínculo de pareja es un roble, es decir, es sólido y fuerte, por ende los hijos crecerán seguros y felices.

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