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Reglas y Límites en los Niños ¿Valen la Pena?

En una sociedad donde el ser humano entiende los límites y las reglas como un ataque contra su libertad, resulta muy importante examinar su verdadero significado y rescatar la importancia de estos dos términos en la educación.

Los protagonistas de las “reglas y límites” son dos: los padres y los hijos, este es el punto de partida para la siguiente reflexión.

Partamos del significado que le otorgamos a cada término.

Por límites, entendemos la línea que no se puede ni se debe sobrepasar para la protección de la propia seguridad. Por ejemplo: para nosotros los adultos, existen los límites de velocidad, en el caso de los niños, la prohibición absoluta de tocar el fuego.

Las reglas en cambio, se refieren a las indicaciones que señalan la manera en que se debe realizar algo en particular. Ejemplos: para los adultos las reglas de convivencia; preceptos que regulan la vida en comunidad. En el caso de los niños, los horarios de comida o de sueño.

Cada familia tiene su propio estilo en la educación, sus propios valores, su propia historia. Por consiguiente, lo que para una puede “ser bueno” en términos de límites y normas, quizás no lo sea para otra. Por lo tanto, no es una tarea sencilla para los padres la elección de reglas y límites que se habrán de vivir en casa. Más aún, si se les dificulta comunicarlas y mantenerlas en el caso de que ambos padres trabajen y pasen mucho tiempo fuera de casa.

¿Por qué las reglas y límites en los niños son importantes?

Tres razones fundamentales y básicas:

 

Razón #1

En primer lugar, los niños empiezan a “reclamar” normas al rededor de los dos años. A esta edad, comienza la fase de la independencia, de la oposición (“no” … “es mío …”). Es una fase en la que los niños comienzan a percibirse como seres independientes con respecto a sus adultos de referencia, tanto a nivel físico (porque ya han adquirido una cierta independencia motora) como a nivel psicológico (dicen “yo”, y pueden reconocerse a sí mismos en el espejo). Comprenden que no son una extensión de su madre, y que pueden tomar decisiones de forma independiente (aunque a veces erróneamente), que los lleva a la satisfacción de sus deseos. Sin embargo, esto pone de manifiesto un sinnúmero de emociones, energías y sentimientos que los niños no son capaces de controlar, poniéndolos a merced de ellos mismos. Por lo tanto, la presencia de un adulto firme se vuelve indispensable, he aquí un primer sentido de las normas y límites.

Establecer reglas y límites en los niños les hace saber cuentan con los adultos, como si se tratara de una especie de muro protector donde pueden alojarse y sentirse protegidos. Un padre o una madre firme y convencido de la elección de reglas y límites que le dará a su hijo, es un adulto que representa la estabilidad que ayudará al niño a encontrar una brújula que le guíe en su vida. Por lo tanto, las normas y límites en los niños, deben estar motivadas y justificadas para el propio niño, es decir, saber explicarle el porqué “sí y no” de las cosas, y no un adulto que improvise e invente las reglas al instante. Recordemos que el niño ya trae consigo una amplia gama de habilidades, capacidades y recursos como kit de partida, pero necesita aprender hacer un buen uso de dichas capacidades. Es un derecho del niño recibir reglas y límites, como es un deber de los padres dárselas.

Razón #2

Llegamos al segundo punto. Un “no” para un niño es claramente una molestia. Un niño al que se le impida la expresión de su deseo, es un niño que experimentará el enojo,… la frustración. Estas son emociones que como adultos a menudo optamos por evitarles a nuestros hijos, justificando nuestras decisiones con expresiones tales como: “pobre, todavía está muy pequeño”. Pero la realidad es que la falta de reglas y límites en los niños impiden el crecimiento que las frustraciones traen consigo. Preguntémonos cuántas veces nosotros como adultos hemos vivido dificultades que nos han hecho sentir fuertemente frustrados, pero que al momento de superar dichas adversidades, nos hemos sentido más fuertes y orgullosos de nosotros mismos. Lo mismo le sucede a un niño.

Las dificultades y frustraciones que surgen a partir de un “no” o la negación de un deseo, obliga al niño a echar mano de sus propios recursos y capacidades con las que cuenta, y una vez superada la dificultad por él mismo, le ayudará a aumentar su autoestima y confianza en sí mismo. El mensaje que les ayudamos a construir dentro de sí mismos es “supe hacerlo bien.” La ira es algo que ciertamente tenemos que ayudarles a calmar. En un primer momento, es importante dejarlos experimentar el “ciclo completo del enojo” y posteriormente, repasar con en ellos lo que sucedió, dándoles motivos y razones: “Tu mamá o papá te dijeron que no, porque…”.

También, es necesario que como adultos nos demos un momento para tranquilizar el enojo que surge de las pataletas, protestas y rabietas del niño; que muchas veces nos llevan al límite de la paciencia. Contar hasta 10 (y en algunos casos hasta 100), retirarse del lugar por un momento y posteriormente reanudar el diálogo con el niño, incluso expresándole nuestras propias emociones. “Tu mamá o papá se enojó porque… y me sentí…”. Por lo general, los niños menores de cinco años de edad no logran conectar lo que sienten con una palabra específica. Si nosotros como adultos les explicamos cómo estamos y cuáles son los “síntomas” de las emociones, ayudamos a los niños a vincular sus propias emociones con palabras para legitimar lo que sienten.

límites en los niños

Razón #3

La tercera razón para establecer límites y normas en los niños está relacionada con la dimensión social. Principalmente, la que el niño vive en el interior de su hogar o en el jardín de niños. Un niño que no está acostumbrado a las normas, le resultará mucho más difícil vivir en el contexto comunitario, en el cual, existen otras personas y otros niños con los que tendrá que relacionarse. Se sentirá confundido al momento de intentar relacionarse con extraños, sentirá que no los comprende en sus actitudes y de igual manera se sentirá incomprendido.

A menudo, en las escuelas se les define a estos niños como; “agitado” o hiperactivo, pero en muchos casos solo se trata de niños que han carecido de límites y reglas básicas para la vida. Los padres que no han tenido el valor de asumir la responsabilidad de establecer reglas y límites en los niños, o los que se han cansado de mantenerlas vigentes, con frecuencia se justifican diciendo “ya lo aprenderá en el colegio”. ¡Cuidado papás!, transmitir este mensaje a sus hijos significa dificultar su entrada en la dinámica de la vida, y darles la impresión de sus profesores; como los que niegan la satisfacción de sus deseos, y de la escuela; como un lugar que impide sus expresiones y plena satisfacción.

Ambos padres de familia, son los únicos responsables en decidir el estilo educativo que implementarán y harán valer -en común acuerdo- frente a sus hijos, con la finalidad de dar mayor solidez a su mensaje. Recordemos que un adulto que cambia las reglas de un momento a otro, o de unos padres que no permanecen unidos en la elección de las normas, envían un claro mensaje de inestabilidad e inseguridad a sus hijos. Los niños no confiarán sus dificultades y emociones a aquellas personas que no les inspiran confianza.

Por estas razones preliminares, no es posible elaborar una lista de normas universalmente válidas. Sin embargo, existen algunas características en común que sí deberían ser respetadas.

Las reglas y límites en los niños deben:

 

  1. Ser establecidas por los adultos y no por los niños.
  2. Ser acordadas por ambos padres.
  3. Ser adecuadas a la edad de cada hijo.
  4. Ser estables. No deben variar de día a día o semana a semana.

Aprendamos a observar y a escuchar a nuestros hijos. Sus comportamientos y actitudes inapropiados, suelen ser la expresión de que algo les hace sentirse incómodos. Sepamos que los “caprichos” son una manera de comunicarse con nosotros y por ese medio intentan expresarnos algo. Peguntémonos constantemente, por qué se comportan como se comportan y actuemos con prudencia.

Por último, no debemos olvidar que las reglas y límites en los niños -sobre todo en sus primeros años de vida-, son establecidas por los padres sin el total consentimiento del niño. Sin embargo, el mejor instrumento para la enseñanza de las mismas, será el buen ejemplo que den los padres a sus hijos, mas allá de una mera imposición de las normas.

Recordemos que el objetivo a lograr, es que nuestros hijos aprendan con el tiempo y la práctica a; autodominarse, ser capaces de “saber elegir”, tomar decisiones inteligentes por sí mismos y ser responsables. Evitando así, que lleguen a la edad adulta carentes de dichas capacidades necesarias para su madurez.

 

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